A
los del Ministerio de Educación les tiene obnubilados la misma bruma que
enceguece por estos días a ‘Yo el supremo’ de Carondelet: nada está por encima
de la autoridad oficial. Así que si a ellos se les ha puesto en la cabeza que
lo del BU va por que va, entonces va. Y
el problema de esta empecinada actitud es que no les permite aprender de la
experiencia, y el pasado es solo estela en el agua. Es decir, que los que ahora
están de funcionarios principales, y que ya en la época de Vallejo eran
subalternos suyos, deberían recordar aquel paro de los maestros liderado por la
campechana y vocinglera dirigente de la UNE que puso de rodillas al Mi(ni)sterio
y su ministro. En aquel entonces amenazaron con abrir expedientes a los
docentes y aplicar sanciones que, entonces, sonaban duras y que ahora nadie
recuerda. Meses después, en una entrevista con Oquendo, a propósito de estos hechos
e interrogada si consideraba que la UNE fue derrotada por Vallejo, Zamora
contestó: “Solo le digo, don Diego, que yo sigo aquí, en el magisterio y al
frente de la UNE y Vallejo ya no está en el ministerio”. Y asimismo fue.
Ese
Mi(ni)sterio de Educación está lleno de tecnócratas de la educación, una
burocracia de miedo y dos o tres ideas buenas que no pasan de eso. Nadie
discute, ni los mismos estudiantes que se lanzan a las calles por estos días,
que es necesario reformar este bachillerato vetusto, esta educación apolillada,
este magisterio desprestigiado (gracias a la burguesía y su clase política
pacata), y este Ministerio torpe. Pretender imponer esta reforma educativa a
decretazo, sin consenso, sin permiso ni por favor, revela torpeza, tiranía y
egolatría. Esa misma vanidad gubernamental de que nadie más, ningún otro, en
este país (y quizá un poquito más afuera) tiene la mente lúcida, los títulos
que les adornan, las seis neuronas que les conectan para decidir qué es bueno
para el pueblo. ‘Yo el supremo’ se transforma en ‘Yo el sabio, justo y ecuánime’
y solo los tecnócratas de la educación, aquejados por el mismo mal, saben y
pueden decir, qué necesita la educación de este país.
Lo
triste es que ninguno de ellos, ni uno solo de los que están ahí adentro
destrozando la educación del Ecuador, ha pisado jamás por nueve meses
consecutivos (que es lo que al menos debería durar un año escolar) un aula
fiscal. Ninguno de ellos sabe lo que es dictar clase en condiciones que pueden
ser calificadas de todas las maneras pero que se resumen, para el caso, en una
sola condición: antipedagógicas.
La
persecución que ahora inician a aquellos estudiantes que salieron a protestar representa
hundir tres centímetros más la pata en el lodo por culpa de la torpeza. De la
caída de Mahuad, de la caída de Bucaram, de la caída de Gutiérrez, este
gobierno ha comido y facturado. Sin esas tres cabezas no existiría la mente
lúcida que ahora gobierna.
Pero
esas tres cabezas empezaron a caerse cuando los guambras del Mejía y de la UCE
comenzaron a salir, solitos y sin propaganda forajida, a gritarle al tirano en la
calle. Cada época que ha traído injusticia, ha contado con los estudiantes para
evacuar el descontento popular. Cada estudiante que está en la calle es la voz
de una familia descontenta. Y el pueblo —al que tanto mencionan en
sus discursos— tiene el derecho, y sus
hijos el deber, de expresar su descontento por todas las formas.
Por
eso, el Corcho no debería hablar de manipulación: insulta la inteligencia del
estudiante secundario y la suya propia. Que al final, Acosta tuvo la decencia
que no tuvo él: abandonar el barco en cuanto comenzaron los viserazos. ¿Quién
es, entonces, el manipulado?
Foto tomada de www.larepublica.ec
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