domingo, mayo 30, 2010

La Academia desacademizada


Que don Rodrigo Borja Cevallos, ex presidente de la República, autor de un par de libros que se gozan leyendo —como aquel de los “Recovecos de la historia”, que tiene su sazón liviana—, y de una enciclopedia que podría ser el orgullo de cualquier enciclopedista, haya sido electo miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, le enaltece. A la Academia, sobre todo. Alguien dijo, no recuerdo quién, que hay miembros que dan nombre a la Academia y otros a los que la Academia da nombre. En este caso, bien servida queda la Academia al incorporar el ilustre nombre del ex presidente. Pero, y esto tampoco lo recuerdo, alguien dijo, quizá el mismo sujeto de la cita anterior, que la Academia vive de la publicidad de los que le dan nombre, pero sostiene su condición académica de aquellos otros desconocidos —o muy poco conocidos, que casi es lo mismo—, que de pronto adquieren su cierta notoriedad al ser nombrados académicos. Eso, en la Academia de España, o sea, la Real. Porque la de aquí, muy poco de lo uno y nada de lo otro. Cuando en España, a fuerza de o gracias al paso del tiempo, las nuevas corrientes, los lingüistas críticos y el crecimiento de instituciones de investigación lingüística en otras latitudes, empezó a remozarse, a dejar de ser una templo ortodoxo de cinco ñatos que decidían todo entre ellos, para pasar a ser un centro de investigación continua, con un equipo tremendo de gentes, también, por supuesto, con un enorme aparato de auspiciantes que no se encuentran no más en cualquier lado, menos en América del Sur, producto de todo lo cual aparece cada mañana un nuevo diccionario de dudas, una ortografía, un compendio, un qué se yo que da contento a un montón de gente que no tenía dónde hacer sus consultas, o que encontraba dónde consultar pero siempre se quedaba en las mismas.

Algunas Academia americanas empezaron ya, hace rato, a hacer lo suyo: a investigar. Y producen ya sus obras de consulta y tienen página electrónica, y organizan eventos donde se discuten temas de lengua, etcétera. Eso porque han tenido la inteligencia de incluir entre sus dignos académicos, junto con los ilustres escritores de diversos géneros, a lingüistas o expertos de la lengua que llegan a la Academia, no a hacer cafetín de cinco de la tarde, sino a promover proyectos de investigación que aporten conocimiento y cultura a su país.

La de aquí, bien gracias. Ni página electrónica. Hay gente que tiene sus dudas a la hora de escribir y que la mejor idea que se le ocurre para salir del atolladero es sacar la guía de teléfono, buscar la referencia de la Academia y llamar a ver si alguien les puede indicar el camino del conocimiento. Ahórrese la llamada. Hay tres secretarias, un becario, un contador los jueves cada quince, pero nadie que resuelva la duda. Ojalá contestara el doctor Borja.

miércoles, mayo 26, 2010

Al pie del concierto: Ángeles de Infierno (pero solo es un pretexto)


El negro abundaba por los alrededores de la Plaza de Toros, el negro furia, el negro de luto. El negro rock. Y había en las ropas, más  metales que en ferretería. La gente estuvo a la cola desde las cinco de la tarde y a las siete, cuando ya se habían llenado todas las zonas desde donde era decentemente visible el escenario, los rockeros empezaron a silbar para que empezara el concierto. El disckjokey se llevó la rechifla más de una vez. Si es plaza de toros, entonces le sonaron como dos veces las trompetas de anuncio. Lo que pinchaba era pasto para otros toros. De rock del bueno, muy poco. Atinó con unas cuantas de Héroes del Silencio, pero se repetía. Una de cal y un montón de arena, más la del ruedo.
El concierto empezó a las ocho en punto, que no cedió nadie a las presiones del público, y salió al escenario “Ambrosía de Hiel”, con la pinta de los amigos del barrio que se montan el grupo, muy rocambolesco el nombre, demasiada simpatía para Héroes del Silencio —hicieron dos o tres versiones del grupo español—, el cantante parecía haber recibido un injerto de la garganta de Bunbury. Y nada más. Muy poquito de imagen. Nulo desarrollo en el escenario. Buen sonido y acoplamiento. Pero nada nuevo. Entonces vino “Bajo sueños”. Estos sí que la montaron definitiva. Tocaron en absoluto solo canciones originales, que todo el mundo cantó, saltó y desentonó.
Mauricio Calle, vocalista y guitarra principal, es el rockero demasié del medio ecuatoriano. Mucha voz, gran voz, peca de grandilocuente, que es pecado necesario en el rock. Y rivaliza consigo mismo: su técnica para el canto es tan pulida como para tocar la guitarra. Sus solos limpios, enfurecidos y melódicos, hablan de su pasión desbordada por el rock pero también de un profesionalismo escaso entre las bandas de rock ecuatoriano. A estas horas, Bajo sueños es banda madura, distendida en el escenario, con un dominio absoluto de la escena. Han creado sus personajes y tienen todo lo que se necesita para ser unas ‘rock stars’: sonido excelente, imagen cuidada, dominio escénico, voz inigualable, soltura y versatilidad. No cometen el pecado de salir vestidos como los chamos de la esquina por el contrario cuidan su imagen como trabajan su estilo. Resalta incluso la evolución musical del grupo: sus canciones suenan ahora mejor que las del CD. Calle canta mejor ahora que en aquel CD de los 90’. Sin embargo, su protagonismo excesivo deja la impresión de que es él y su banda, mejor, es Calle y sus músicos. El dilema es claro: o deja de cantar o deja de tocar la guitarra, y en los dos escenarios la banda pierde. Bajo Sueños está atado a ser su vocalista/guitarrista y los demás.  Pero es la banda de rock que nunca tuvimos y que, pese a la diferencia de género, dejó para poco a “Basca”. Los de la Plaza de Toros no solo que le aguantaron sino que se tragaron con gusto el cuento de Calle, el cuento de las tres veces que anunció la última canción. Por fortuna, fue mentira.
(De “Ángeles del infierno” no queda nada por decir. Son ellos, son la larga vida al rock. Y eso basta).

domingo, mayo 09, 2010

Al pie del verso: La noble metáfora de Carrera Andrade



Está Carrera Andrade y el resto. Su palabra se levanta de la tierra y construye un verso claro y expresivo. Es sencillo y, por ello mismo, engañoso. Nadie ha empleado, en el Ecuador, con tanta limpieza y originalidad la metáfora como Carrera Andrade.



el recuerdo es apenas un nenúfar


que asoma entre dos aguas

su rostro ahogado

(Biografía para uso de los pájaros)



Con solo esos tres versos, muy bien habría podido haber hecho Carrera otro de sus microgramas. Hay, en su poesía, la confianza de la mano que atrapa las cosas y nos las acerca. De pronto, por la metáfora de Carrera, uno descubre que todas las cosas tienen su cierta molicie. Incluso el recuerdo, que no es más que un ahogado que asoma la cara para espantarnos el día.