(porque Bunbury ha dejado en su último disco una confesión que ya nos hubiera gustado hacer a muchos)
es hora de hablar
de la quimera de otra vida,
de lo que no supimos expresar,
del trapecio que ante la nada
oscila ,
de tragedias y triunfos
que duran un segundo,
de alterar el destino
y de la fábrica de hielo del olvido,
es hora de hablar
de las cosas rotas
que no puedo arreglar,
de que este humor no tiene que ver contigo,
que hace tiempo que nada acabar consigo,
que la fama es el opio del triunfador
y más vale suerte que talento,
y me basta este momento
como una revelación
es hora de hablar
de las voces de los hombres y su engaño,
de la verdad como forma de violencia,
del dolor y de la inocencia,
del infinito entre tus brazos
y de los límites de mi cuerpo
y el regateo de mi ficción
(pura ficción)
es hora de hablar
de la culpa y la madre del castigo,
de hacerse viejo entre tus enemigos,
del lento proceso de derrumbe,
y que nunca hablamos
de lo que hay que hablar,
de secuencias de presagios
que se cumplen
y que quiero hacer muchas cosas por ti
las más posibles
es hora de hablar
de la quimera de otra vida
Enrique Bunbury
(de Las consecuencias, 2010)
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