lunes, diciembre 22, 2008

Zapatería mundial contra el genocida

Un zapato puede ser el ataúd de los pies, que así algún poeta los llamó. O puede ser la lápida adelantada de un asesino. De un genocida, no solo la lápida, sino el escupitajo además, el juicio y la sentencia que no le llegarán, porque este mundo está mal, tan mal que a los genocidas los protege el mismísimo cuerpo de paz. Una mierda. Lo que no pudieron hacer los congresistas demócratas en E. E. U. U., ni Greenpeace, ni Al Gore, lo vino a ejecutar un periodista definido como “normal”. Había que ser normal para lanzarle los zapatos a Bush —al parecer, primero el del lado izquierdo—. El agredido, claro, no es normal. Los anglófilos, por supuesto, están que rabian al ver la bandera gringa manchada por la suela de este iraquí envalentonado. La pregunta es: ¿qué les molestará más: que el zapato haya dado contra la bandera o que no haya dado en la cara de Bush?

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