Más de cien ecuatorianos, metidos en un casi barco/casi bote, naufragaron hace unos días frente a la costa colombiana. Iban para Estados Unidos, endeudados hasta el gaznate, confiados en una hilera de coyoteros cuya cara se desconoce. Pero no pasaron de aquicito. A las dos de la mañana del segundo día de viaje, se les vino una ola gigante y partió la seudo barca. Uno de los que sobrevivió cuenta que solo alcanzó a lanzarse por la ventana de la cocina y que en la urgencia los pantalones, por fortuna, se le quedaron agarrados en el alféizar. Por fortuna, porque pudo nadar, agarrarse a un cajón y contarse en el grupo de los seis, only six, my captain, que se salvaron. Tres días al garate en alta mar, quemados sin perdón y peor deshidratados, se daban por muertos. Fue un barco ecuatoriano, de pesca por aquella zona, que los descubrió.
De regreso, por su puesto, fueron la primera plana de todos los periódicos y el fotograma de los telenoticieros del día. Un miembro de la marina ecuatoriana, que por las barras jalaba para contralmirante aunque no bien abrió la boca, como se verá, no daba para más que bucanero de tierra. “Debería haber una sanción drástica, una pena legal para aquellos que intentan abandonar el país por la vía ilegal”, dijo impertérrito, mirando a la cámara, el contralmirante/bucanero en sus treinta segundos de popularidad escasa.
Con esa lógica de cocinero de barquito, este marino prefiere condenar a los que huyen y no a los que provocan la estampida. Ni coyoteros ni autoridades asoman la cara. Una condolencia ha hecho llegar Palacio, el presidente, a los familiares de los desaparecidos. Papel endeble sin fuerza contra la mar que se los comió.
Algunos periodistas, sobre todo de televisión, con igual lógica marinera, condenan el intento de los inmigrantes, la salida ilegal, y argumentan: ¿no se endeuda esa gente en cinco o diez mil dólares para pagar al coyotero y poder viajar? Y, en forma imperativa, cuestionan de inmediato: ¿no podrían con esa plata, más bien, poner un negocio aquí en el país, invertir en el progreso de la patria?
Pues no, no es posible invertir en un negocito de huevos y gallinas porque de las gallinas y los huevos no se vive, no se vende, no se crece. Si uno cree que puede ponerse un negocio para sobrevivir, y si cuenta con los recursos, claro, puede intentar ponerse un banco, fundar un partido político, ganar un cargo político: diputado majadero, intendente en alma fría, asesor voraz a la sombra. De eso, aquí, sí se vive, y bien y para siempre. La política como la burocracia es para hacer carrera. ¿Acaso alguien se ha olvidado, aunque solo fuera por un año, de quién es el petulante Ramiro Rivera, el remozado Wilfrido Lucero o el petrificado y lenguaraz Marco Proaño Maya, expulsado del PRE hace poco, q.e.p.d? Estos y muchos otros más fundaron el Congreso, la política, la mañosería y el robo en esta República. Y ninguno de nosotros había nacido todavía cuando ellos ya se engrasaban en la maquinaría política de la patria.
Si es de ese rol, aplíquese a hacerlo, si no, ya no viaje por mar. Las olas parten el alma y aquí ni la policía se entera que no es el agua la culpable de las muertes de un centenar de ecuatorianos, sino, en primerísimo lugar, de una bien tejida red de coyoteros que se pasean y gastan lo ganado en la cara, la boca y el trasero de la policía. Como todos los que roban o extorsionan en este paisito.