Isabelle,
en sus pocas carnes y sus muchos huesos, nos espanta, nos intimida, nos abruma
sin que sepamos cómo: todos somos ella. Esos mismos huesos, esa misma carne
somos, hemos sido. No seremos en la muerte. El problema es el volumen. Venimos
desde las cavernas buscando el volumen de las cosas. Que el mundo parezca tener
dentro de sí algo más que el triste vacío. Visto así, la belleza sería el
volumen de los entes que nos parecen vivos o eternos, cuando no pasan de un
lienzo, un sonido, una idea. Digan lo que digan, nos fascinan los volúmenes
ampulosos, y de ahí nuestra afición por las cifras abultadas. Inventamos una
disciplina del volumen para convencernos de que el mundo no es solo cáscara y
agua. La estadística, aquella ciencia de la ficción no literaria, nos ilusiona
con el volumen de las cifras. Y el volumen y las cifras de esta mujer, que es
la sinécdoque de todas las mujeres que van perdiendo volumen, paradójicamente
porque creen tenerlo en exceso, atrae sobre nuestra paz de tumba unas moscas insalubres:
los moscones de la impaciencia. Parecería Isabelle una actriz jugando a
retarnos la imaginación: ¿puede existir una mujer sin volumen? El hombre ha
buscado y se ha perdido en el volumen de la mujer. El mundo anglosajón (Hollywood
saca la cabeza por todos ellos) se ha perdido en el delirio por el volumen de
la mujer latina (la Hayek y la Vergara queden como respaldo de lo dicho). Pero
ellos han terminado exportándonos esta idea de la belleza tísica, sin volumen,
sin forma. La sensualidad del hueso. Entre el “uno de cada tres norteamericanos
padece de obesidad” y la foto de Isabelle, insolente y pública para los que
prefieren lo del mal gusto bien barrido debajo de la alfombra, no queda nada, ni un plato de papas
fritas, ni un inodoro para los vómitos bulímicos. Este mundo ya no es de medios
tonos, de grises para las sombras. U obeso o anoréxico. Solo el final sigue
siendo el mismo.
Al pie de la letra
De literatura y patria
lunes, diciembre 05, 2011
Volumen de mujer
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Isabelle Caro
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miércoles, septiembre 28, 2011
Los empecinados
A
los del Ministerio de Educación les tiene obnubilados la misma bruma que
enceguece por estos días a ‘Yo el supremo’ de Carondelet: nada está por encima
de la autoridad oficial. Así que si a ellos se les ha puesto en la cabeza que
lo del BU va por que va, entonces va. Y
el problema de esta empecinada actitud es que no les permite aprender de la
experiencia, y el pasado es solo estela en el agua. Es decir, que los que ahora
están de funcionarios principales, y que ya en la época de Vallejo eran
subalternos suyos, deberían recordar aquel paro de los maestros liderado por la
campechana y vocinglera dirigente de la UNE que puso de rodillas al Mi(ni)sterio
y su ministro. En aquel entonces amenazaron con abrir expedientes a los
docentes y aplicar sanciones que, entonces, sonaban duras y que ahora nadie
recuerda. Meses después, en una entrevista con Oquendo, a propósito de estos hechos
e interrogada si consideraba que la UNE fue derrotada por Vallejo, Zamora
contestó: “Solo le digo, don Diego, que yo sigo aquí, en el magisterio y al
frente de la UNE y Vallejo ya no está en el ministerio”. Y asimismo fue.
Ese
Mi(ni)sterio de Educación está lleno de tecnócratas de la educación, una
burocracia de miedo y dos o tres ideas buenas que no pasan de eso. Nadie
discute, ni los mismos estudiantes que se lanzan a las calles por estos días,
que es necesario reformar este bachillerato vetusto, esta educación apolillada,
este magisterio desprestigiado (gracias a la burguesía y su clase política
pacata), y este Ministerio torpe. Pretender imponer esta reforma educativa a
decretazo, sin consenso, sin permiso ni por favor, revela torpeza, tiranía y
egolatría. Esa misma vanidad gubernamental de que nadie más, ningún otro, en
este país (y quizá un poquito más afuera) tiene la mente lúcida, los títulos
que les adornan, las seis neuronas que les conectan para decidir qué es bueno
para el pueblo. ‘Yo el supremo’ se transforma en ‘Yo el sabio, justo y ecuánime’
y solo los tecnócratas de la educación, aquejados por el mismo mal, saben y
pueden decir, qué necesita la educación de este país.
Lo
triste es que ninguno de ellos, ni uno solo de los que están ahí adentro
destrozando la educación del Ecuador, ha pisado jamás por nueve meses
consecutivos (que es lo que al menos debería durar un año escolar) un aula
fiscal. Ninguno de ellos sabe lo que es dictar clase en condiciones que pueden
ser calificadas de todas las maneras pero que se resumen, para el caso, en una
sola condición: antipedagógicas.
La
persecución que ahora inician a aquellos estudiantes que salieron a protestar representa
hundir tres centímetros más la pata en el lodo por culpa de la torpeza. De la
caída de Mahuad, de la caída de Bucaram, de la caída de Gutiérrez, este
gobierno ha comido y facturado. Sin esas tres cabezas no existiría la mente
lúcida que ahora gobierna.
Pero
esas tres cabezas empezaron a caerse cuando los guambras del Mejía y de la UCE
comenzaron a salir, solitos y sin propaganda forajida, a gritarle al tirano en la
calle. Cada época que ha traído injusticia, ha contado con los estudiantes para
evacuar el descontento popular. Cada estudiante que está en la calle es la voz
de una familia descontenta. Y el pueblo —al que tanto mencionan en
sus discursos— tiene el derecho, y sus
hijos el deber, de expresar su descontento por todas las formas.
Por
eso, el Corcho no debería hablar de manipulación: insulta la inteligencia del
estudiante secundario y la suya propia. Que al final, Acosta tuvo la decencia
que no tuvo él: abandonar el barco en cuanto comenzaron los viserazos. ¿Quién
es, entonces, el manipulado?
Foto tomada de www.larepublica.ec
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viernes, julio 08, 2011
La osamenta que huele a flor y miel
Ayer miércoles
aparecía en la televisión, cargado de huesos y con un terno oscuro que parecía
habérselo vestido sin haberle quitado el armador a la chaqueta, el carcamal que
ya es y que siempre fue en la vida política del paisito: Sixto Durán Ballén. Le
homenajeaban por sus noventa años de vida, todos admirados de que viva, de que
hable y se le entienda sus anécdotas pedestres del soldado que se le puso de
pie y le dijo: “Señor presidente, no di un paso atrás”. Carcamal romántico.
Que está retirado
de la política, no importa, se ha dado tiempo para hablar de la larga noche
liberal para la que tiene, asimismo, edulcorados recuerdos: fueron cuatro años,
los suyos en la presidencia, en los que el país más se recuperó de la pobreza.
O sea, que más nos enriquecimos. Y entonces viene la disyuntiva: una de dos, o
él habla de un país/otro, o habla por su familia, por su partido político (requiéscat
in pace) o de su clase social. Es decir, de ellitos. En dicho último caso,
Sixto, querido, tienes toda la razón.
Gente como él, que
desaparecen un buen día y después de dos décadas surgen como de las arenas del
desierto, con su bastón negro, como báculo de obispo, a decir sus dos medias
verdades, obligan a la gente a preguntarse: ¿pero es que este sigue vivo? Y
parece que, así con su alta estatura de recuerdo vivo, está más allá del bien y
del mal, y ya no debe tener gota de sangre en las venas para que se le sonroje
la cara. ¿Es que esta esfinge neoliberal no puede tener un poco de vergüenza
por aquello de “Flores y miel”?
Uno era muy verde
en aquella época para entender las causas y las consecuencias de aquel
vergonzoso hecho del abuelo ayudando a escapar a la familia en el avión
presidencial. Pero no tanto como para no percibir cómo apestaba todo lo visto y
oído a pus y bacteria. Han precisado algo así como dos décadas para que le den
micrófono y digan, tan ancho, que esta patria le debe esplendor económico a sus
cuatro años de gobierno y a su estatura de estadista.
Pero la culpa no
es de los cadáveres que vuelven a hablar, sino de los vivos que tienen muerta
la memoria.
Foto tomada de la página web de Diario "El Unvierso" (www.eluniverso.com)
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jueves, julio 29, 2010
HUECA
En las gloriosas épocas universitarias, teníamos una hueca —que ya no lo es más— para discutir de fantoches, de avatares y precipicios, oír música en rockola y tomar cervezas. Todo muy sazonado con unos motes con chicharrón. La rockola era muy vieja, pero funcionaba, y era una gloria meterle la moneda para ver su bracito solitario, como la útil extremidad de un manco ciego, levantarse a trancas y barrancas para girar sobre su codo, tomar el disco, ponerlo en su lugar y empezar a escuchar la voz de violín de Julio Jaramillo.
La hueca era hueca porque estaba un poco escondida —afuera se podían ver las pailas de fritada y hasta las pilas de jabas de cerveza—, porque uno, adentro, quedaba en resguardo, en “intimidad”, que decían los hombres de antes, y se podía hablar a gritos, beber sin medida. Igual, a la salida, el mundo te esperaba con sus ojitos acusadores de animal ignorante.
La hueca era hueca porque, en el rango de las cinco estrellas, tenía caídas cuatro y debía otros tantos tenedores. La señora del lugar te servía el mote con la misma mano que cobraba y daba vueltos (de ahí esos necesarísimos purgatorios como remedio a los extraños dolores ventrales y veniales que le ponían al cliente en el infierno o en el retrete —que para el caso, son tal cual— solo tres días más tarde). Un diseñador de interiores había previsto que el piso fuera decorado, no solo con porcelanato barato, sino con todas las colillas y cenizas de los clientes, también con todo mote, chicharrón, pepa de aguacate, tillo de botella, charco de cerveza, o lo que fuese que cayere de la mesa del comensal o bebedor, futuro borracho. El baño era un insulto a la pulcritud —que hacía rato que se fue del sitio echando gritos y tirándose de los pelos—, porque, a más de carecer de toalla, jabón y papel, casi no le funcionaba nada: ni el grifo del lavabo ni el descargador del agua del excusado. Ni el seguro de la puerta, que ya es cosa de dignidad, funcionaba como debía. En fin, que la hueca era muy hueca, se bebía delicioso, se comía sabroso, todo, a pesar de los pesares, pero que, si a este sitio le llamas hueca, ni por muy original se te hubiera ocurrido llamarle hueca a las 'Tablitas del Tártaro'.
La palabra ‘hueca’ estaba ahí para nosotros, como el manito que requeríamos para atrapar ese lugar secreto y preferido donde comer o beber, o las dos cosas, y al que podíamos invitar a alguien que quedaba muy bien advertido de que no le íbamos a llevar a Piazza Navona, pero que, después de probar de lo que ofrecieran, se iba a sentir mejor que en Roma, que ya fue capital mundial.
No sé quién ha empezado con el tráfico, pero han empezado a manosearla de cabeza a rabo a la pobre palabra, que ahora pueden decir que hay ‘huecas’ en la Plaza Foch. (Como no sean bares subrepticios…). Que la hueca venga a ser cualquier sitio de buen parecer donde come y bebe la gente de buen ver, es una estafa. No las llamen ‘huecas’, para eso están dos palabras suficientes: ‘bar’o ‘restaurante’. (Hay los gomelos que empiezan a ir al ‘pub’, pero no son más que ‘puf’). En ninguna de ellas atiende la que sí lo hace en la hueca: la “seño” o la “madrina”. Salud.
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domingo, mayo 30, 2010
La Academia desacademizada
Que don Rodrigo Borja Cevallos, ex presidente de la República, autor de un par de libros que se gozan leyendo —como aquel de los “Recovecos de la historia”, que tiene su sazón liviana—, y de una enciclopedia que podría ser el orgullo de cualquier enciclopedista, haya sido electo miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, le enaltece. A la Academia, sobre todo. Alguien dijo, no recuerdo quién, que hay miembros que dan nombre a la Academia y otros a los que la Academia da nombre. En este caso, bien servida queda la Academia al incorporar el ilustre nombre del ex presidente. Pero, y esto tampoco lo recuerdo, alguien dijo, quizá el mismo sujeto de la cita anterior, que la Academia vive de la publicidad de los que le dan nombre, pero sostiene su condición académica de aquellos otros desconocidos —o muy poco conocidos, que casi es lo mismo—, que de pronto adquieren su cierta notoriedad al ser nombrados académicos. Eso, en la Academia de España, o sea, la Real. Porque la de aquí, muy poco de lo uno y nada de lo otro. Cuando en España, a fuerza de o gracias al paso del tiempo, las nuevas corrientes, los lingüistas críticos y el crecimiento de instituciones de investigación lingüística en otras latitudes, empezó a remozarse, a dejar de ser una templo ortodoxo de cinco ñatos que decidían todo entre ellos, para pasar a ser un centro de investigación continua, con un equipo tremendo de gentes, también, por supuesto, con un enorme aparato de auspiciantes que no se encuentran no más en cualquier lado, menos en América del Sur, producto de todo lo cual aparece cada mañana un nuevo diccionario de dudas, una ortografía, un compendio, un qué se yo que da contento a un montón de gente que no tenía dónde hacer sus consultas, o que encontraba dónde consultar pero siempre se quedaba en las mismas.
Algunas Academia americanas empezaron ya, hace rato, a hacer lo suyo: a investigar. Y producen ya sus obras de consulta y tienen página electrónica, y organizan eventos donde se discuten temas de lengua, etcétera. Eso porque han tenido la inteligencia de incluir entre sus dignos académicos, junto con los ilustres escritores de diversos géneros, a lingüistas o expertos de la lengua que llegan a la Academia, no a hacer cafetín de cinco de la tarde, sino a promover proyectos de investigación que aporten conocimiento y cultura a su país.
La de aquí, bien gracias. Ni página electrónica. Hay gente que tiene sus dudas a la hora de escribir y que la mejor idea que se le ocurre para salir del atolladero es sacar la guía de teléfono, buscar la referencia de la Academia y llamar a ver si alguien les puede indicar el camino del conocimiento. Ahórrese la llamada. Hay tres secretarias, un becario, un contador los jueves cada quince, pero nadie que resuelva la duda. Ojalá contestara el doctor Borja.
Algunas Academia americanas empezaron ya, hace rato, a hacer lo suyo: a investigar. Y producen ya sus obras de consulta y tienen página electrónica, y organizan eventos donde se discuten temas de lengua, etcétera. Eso porque han tenido la inteligencia de incluir entre sus dignos académicos, junto con los ilustres escritores de diversos géneros, a lingüistas o expertos de la lengua que llegan a la Academia, no a hacer cafetín de cinco de la tarde, sino a promover proyectos de investigación que aporten conocimiento y cultura a su país.
La de aquí, bien gracias. Ni página electrónica. Hay gente que tiene sus dudas a la hora de escribir y que la mejor idea que se le ocurre para salir del atolladero es sacar la guía de teléfono, buscar la referencia de la Academia y llamar a ver si alguien les puede indicar el camino del conocimiento. Ahórrese la llamada. Hay tres secretarias, un becario, un contador los jueves cada quince, pero nadie que resuelva la duda. Ojalá contestara el doctor Borja.
miércoles, mayo 26, 2010
Al pie del concierto: Ángeles de Infierno (pero solo es un pretexto)
El negro abundaba
por los alrededores de la Plaza de Toros, el negro furia, el negro de luto. El
negro rock. Y había en las ropas, más
metales que en ferretería. La gente estuvo a la cola desde las cinco de
la tarde y a las siete, cuando ya se habían llenado todas las zonas desde donde
era decentemente visible el escenario, los rockeros empezaron a silbar para que
empezara el concierto. El disckjokey se llevó la rechifla más de una vez. Si es
plaza de toros, entonces le sonaron como dos veces las trompetas de anuncio. Lo
que pinchaba era pasto para otros toros. De rock del bueno, muy poco. Atinó con
unas cuantas de Héroes del Silencio, pero se repetía. Una de cal y un montón de arena, más la del ruedo.
El concierto empezó
a las ocho en punto, que no cedió nadie a las presiones del público, y salió al
escenario “Ambrosía de Hiel”, con la pinta de los amigos del barrio que se
montan el grupo, muy rocambolesco el nombre, demasiada simpatía para Héroes del
Silencio —hicieron dos o tres versiones del grupo español—, el cantante parecía
haber recibido un injerto de la garganta de Bunbury. Y nada más. Muy poquito de
imagen. Nulo desarrollo en el escenario. Buen sonido y acoplamiento. Pero nada nuevo.
Entonces vino “Bajo sueños”. Estos sí que la montaron definitiva. Tocaron en
absoluto solo canciones originales, que todo el mundo cantó, saltó y desentonó.
Mauricio Calle,
vocalista y guitarra principal, es el rockero demasié del medio ecuatoriano. Mucha voz,
gran voz, peca de grandilocuente, que es pecado necesario en el rock. Y
rivaliza consigo mismo: su técnica para el canto es tan pulida como para tocar
la guitarra. Sus solos limpios, enfurecidos y melódicos, hablan de su pasión
desbordada por el rock pero también de un profesionalismo escaso entre las
bandas de rock ecuatoriano. A estas horas, Bajo sueños es banda madura,
distendida en el escenario, con un dominio absoluto de la escena. Han creado
sus personajes y tienen todo lo que se necesita para ser unas ‘rock stars’:
sonido excelente, imagen cuidada, dominio escénico, voz inigualable, soltura y
versatilidad. No cometen el pecado de salir vestidos como los chamos de la esquina por el contrario cuidan su imagen como trabajan su estilo. Resalta
incluso la evolución musical del grupo: sus canciones suenan ahora mejor que las del
CD. Calle canta mejor ahora que en aquel CD de los 90’. Sin embargo, su protagonismo excesivo deja la impresión de que es él y su banda,
mejor, es Calle y sus músicos. El dilema es claro: o deja de cantar o deja de
tocar la guitarra, y en los dos escenarios la banda pierde. Bajo Sueños está
atado a ser su vocalista/guitarrista y los demás. Pero es la banda de rock que nunca tuvimos y
que, pese a la diferencia de género, dejó para poco a “Basca”. Los de la Plaza
de Toros no solo que le aguantaron sino que se tragaron con gusto el cuento de
Calle, el cuento de las tres veces que anunció la última canción. Por fortuna,
fue mentira.
(De “Ángeles del
infierno” no queda nada por decir. Son ellos, son la larga vida al rock. Y eso
basta).
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domingo, mayo 09, 2010
Al pie del verso: La noble metáfora de Carrera Andrade
Está Carrera Andrade y el resto. Su palabra se levanta de la tierra y construye un verso claro y expresivo. Es sencillo y, por ello mismo, engañoso. Nadie ha empleado, en el Ecuador, con tanta limpieza y originalidad la metáfora como Carrera Andrade.
el recuerdo es apenas un nenúfar
que asoma entre dos aguas
su rostro ahogado
(Biografía para uso de los pájaros)
Con solo esos tres versos, muy bien habría podido haber hecho Carrera otro de sus microgramas. Hay, en su poesía, la confianza de la mano que atrapa las cosas y nos las acerca. De pronto, por la metáfora de Carrera, uno descubre que todas las cosas tienen su cierta molicie. Incluso el recuerdo, que no es más que un ahogado que asoma la cara para espantarnos el día.
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